sábado, 25 de septiembre de 2010

Lo sublime o ¿la miseria del amor? (segunda parte).



El espejismo del "Amor"


Ya la sentencia está realizada, el amor es miseria en su completitud y complejidad de existencia, el objeto que se proyecta no es más que la carencia del Ser en Sí, pero llevaremos esto mas allá de su entendimiento actual. Ya dijimos de manera efímera que el amor está en decadencia, lo que se proyecta es más que una idealización del objeto deseado por la sociedad de consumo en la que estamos insertos, no somos más que el residuo de lo fragmentario de la sociedad y del Otro histórico que es el nombre del padre lacaniano, el deseo y su objeto son una ilusión desde el otro, y ese otro es la cultura vacía y de consumo, es la del consumo de consumir algo que no necesito o creo necesitar. El amor es eso, algo que hoy en día satisface la carencia del hombre como algo esencial sin tener un sentido dado para el sujeto, ya no hablamos del amor shakesperiano, ni de Benedetti esperando aquel amor de sentido a la existencia a la vida, sino a la perversión de Lynch y los amores neuróticos e histéricos, que describe magistralmente Woody Allen. Al amor de mercado en el cual me entrego en términos monetarios y que tan plástico puedo ser. Ya no hay valor por la acción ni menos por el amor, el amor en su miseria, es un espejismo ilusorio que vendría a salvaguardar la “existencia” del sujeto y nada más, esa no existencia, ese vacío del sujeto denominado post-moderno.Que es lo que hace que el sujeto se transforme en un ser tan vulnerable antes la existencia de ese otro, de que entregue su vida y existencia por esa ilusión tan mentirosa y tan inexplicable, es que el ser humano no sabe quién es en su devenir de amar, más que ser la aceptación de otro que lo domine en tal instancia. Es la decadencia del hombre como eterno consumidor, como objeto mercantil de intercambio, y no de existencia en plenitud y hacia la completitud, miramos tras el cerrojo ilusorio de la vida y su búsqueda de la felicidad. Buscamos aquello que nos hace sentirnos bien y no es más que frustración, es más que sabido que nadie nos enseña que es la vida y menos que es amor y su acción del amar, que no es como lo pintan en nuestra infancia Walt Disney y su puesta en el cine desde lo que el viento se llevo en adelante... No el amor es cruel... ya lo dijimos, pero reiteramos que lo que buscamos es eso tan ilusorio que parte en una etapa muy temprana de la construcción psíquica, es el primer objeto de amor. La ilusión que arremete en la creencia de aquello que llamamos amor es un espejismo, es aquella ilusión en la que debemos creer, sin cuestionarnos, es la única posible salida a todo, dirán algunos. Es por ello que es la miseria misma, desprotege al ser humano de su capacidad de ser, lo deja vulnerable ante tal magia vitalizadora pero engañosa. Lo anterior dicho puede sonar a un arrebato existencial que no compartirán muchos conmigo, pero mi idea en este ensayo no es subjetivar el tema a una planteamiento personal, quiero elevar esto a un debate más allá. Ya que si analizamos teóricamente el enamoramiento nos encontraremos con una fuerza de energías psíquicas que se transfieren de lado en lado por ensamblaje social. Esto quiere decir que el enamoramiento es la transferencia de energía libidinal depositaba en el objeto de amor pertinente. Esto es teoría psicoanalítica, ya Freud analizo lo que era el enamoramiento y su energía libidinal, como también la problemática suscitada al concluir eso llamado enamorarse, el posterior duelo que uno debe lidiar por aquel objeto perdido. Las cartas de la existencia están revueltas en la historia, idealizamos a través del amor, Hollywood nos ha encausado la manera que es el amor, soñamos con encontrar el amor de manera tan fascinante como la ocurrencia de las películas, un hombre se enamora, se juega su vida, sufre y puede ganar o perder. Es el eterno juego que representa el amor histórico. Lo anterior dicho no es aun tan catastrófico para decir que es miseria, la actualidad hace que sea miseria, la existencia del hombre es la negación de si mismo constantemente, se anula el yo para ser parte de otro en ese juego maravilloso de amar, se danza para poder por una vez volar. La problemática es como este ha sido transformado en la herramienta más aniquilante y anulante, ya dije antes que se vuelve vulnerable ante un otro sin dejar un espacio para la existencia, si bien para la psicología el enamorarse de una persona y no de otra, está predeterminado desde un mapa mental que elabora la singularidad del sujeto. Para Freud lo que mide el grado de enamoramiento es aquella pulsion de ternura, que no es dirigible a la satisfacción sexual directa. En la cual todos los objetos de los que nos enamoramos se basan en algunos rasgos de nuestras primeras relaciones, de esta manera el otro elegido(a) es idealizado(a) y no se la somete a ninguna crítica. Posterior dirán otros psicoanalistas que el enamoramiento es aquel proceso de maduración, que sucede al encontrarnos con ese alguien que nos ayuda crecer. Cuando ese hombre se enamora debe existir un malestar presente, una lenta acumulación de tensión, gran energía vital y un estímulo adecuado en el camino que este hace para edificar su identidad, donde una mujer perdida queda en el inconsciente y ansía encontrar he ahí algo interesante de observar, el como se comienza a buscar incesantemente algo que proteger o amar. En el caso de una niña que se enamora es que ha perdido al príncipe de sus cuentos infantiles y aparece representando el hombre de sus sueños. Según otras opiniones, antes de que aparezca el verdadero amor, ya se han elaborado las características esenciales del Ser a quien vamos a amar. Esto radica a que entre los 5 y 8 años, se realizan asociaciones con amigos, miembros de la familia, con experiencias o hechos accidentales, que hacen desarrollar aquellos mapas mentales que permiten clasificar a las personas que luego amaremos. Si lo llevamos a mas teoria estudios sociológicos han encontrado que ciertos patrones se repiten en personas de distintas culturas. Se han estudiado también, los componentes del deseo y se ha comprobado que toda la gente busca en su pareja la comprensión, la amabilidad, la inteligencia, la confiabilidad, la estabilidad emocional, que sea atractiva, poco exigente y sana. En otras culturas se especifican rasgos especiales para establecer un vínculo amoroso, para los chinos es indispensable la virginidad, mientras que para la mayoría de los holandeses y suecos es una condición irrelevante. También se repiten en distintas culturas diferencias universales entre el hombre y la mujer a la hora de elegir una pareja. Las mujeres buscan hombres ambiciosos con una buena posición económica o por lo menos con el potencial para llegar a ella, una posición social decente y generalmente que sean unos años mayores. El hombre, en cambio, busca el atractivo físico, la juventud, características de fertilidad y reproducción. Aparece también el problema que no todas las personas cuentan con una lista completa de las cualidades deseadas, es acá cuando surge decir que el amor es ciego. Existe también la ley del equilibrio, donde las personas deseables buscan personas con las mismas características, como las persona inteligentes y eruditas, buscan personas con estas características para poder compartir con ellas sus ideas y sus conocimientos, Etc... lo inquietante de todo esto es que todo tipo de estudios sociológicos o psicológico dan conocer patrones culturales en los cuales gira el amor, sea desde una mapa mental en el cual desde una etapa temprana se comienza a elaborar ese ideal que se reafirma con lo social para luego entremezclarse con la realidad vacía de la mercancía, por ello como primera hipótesis debería decir que la miseria es una condición cultural en la cual las sociedades imponen el objeto de amor, ya que la cultura y sus devenires están ya en el plano relacional del infante en la relación madre-hijo. Pero este no es un estudio de la psicología del desarrollo de la psiques humana, es una aproximación desde la existencia del sujeto al entendimiento del amor en su aspecto sublime y de miseria. La singularidad del sujeto es la importancia aquí, no sirve pensar o asumir que el hombre sigue patrones definitorios ya que así ya no habría mas que pensar y yo simplemente no tendría mas que vivir y escribir, de que el amor es un espejismo, lo es, ya que no deja cabida a ser pensado por todo aquello que tan erudito sonó antes, de objetivar algo que debe ser vivencia, los estereotipos culturales de la sociedades son muy diferentes, como el modo de amar, pero concuerdan en una cosa y es ese grado de ceguedad al pensar el amor o vivir si se quiere ser mas extremo, la miseria llega por la ceguedad que se tiene de algo y esa ceguedad es la de obstruirse en la monotonía histórica de ver el amor como algo banal, por ahora dejaremos esta sentencia en aquella vacía ilusión de no mirar tras el espejo nada mas que un yo y su idealización, o no mirar mas que la ceguera de la monotonía, para en la cuarta parte de este ensayo lanzarnos en lo mas profundo de la existencia del sujeto como ente que ama y la puesta en juego de lo sublime y su miseria en el amor.