Que título el anterior, ciertamente no es mío plenamente ya que para quienes hayan visto aquel bello film de Juan José Campanella rememoraran a partir de un flash back instantáneo lo que dice el título. Pero este escrito no es una sinopsis, sino por el contrario es aquello parecido a una reflexión con la que puedas quedar atrapado entre mil preguntas de un insomnio con el telón de fondo de la película aludida. Por tanto, que podremos hablar sobre el amor, que podremos decir sobre tal concepto enigmático que constantemente se intenta explicar desde; la ciencia y la secreción de oxitocina y otras hormonas o desde el psicoanálisis y la investidura libidinal del objeto amado y que además sea a partir de la elección de objeto a partir de la madre o el padre, para solo dar dos ejemplos de miles que podrían estar aquí. Una sarta de Pelotudeses podrá afirmar con toda certeza un romántico que con su argumento nos aludirá a Cortázar o el mismo Benedetti para negar tal afirmación del amor como una conceptualización universal.
Que es eso de encontrarse con el mismo amor, acaso ¿amamos siempre de la misma manera? O es que somos tan versátiles que tenemos diferentes formas de amar a diferentes personas al mismo tiempo. Podremos afirmar que el amor de los quince años no es el mismo que el de los veinticinco ni menos el de pasado los treinta. Es que creamos la falsa linealidad de que amamos, ya que ¿cuántas veces realmente amamos? Pregunta incontestable si se quiere ser sincero, de hipócrita diremos que solo una vez ya que asumimos que con la persona que más duramos será las que más hemos amado, y volvemos a colocar ese velo que consiste en traer calma en el espacio lineal de nuestra historia. Por eso no podemos aceptar la intensidad que trae el corto tiempo, las palabras no son lo suficientemente verdaderas sino están acompañadas de un plazo fijo estipulado con mensajes y actos que lo acompañen para gestar y consumar el ritual de decir te quiero o te amo.
Oraciones que conjugan tanto y que tan hipócritamente son ocupadas hoy en día, si el amor es una odisea de explicar quién podrá venir a decir que te quiero es más fácil de responder, se dirá de inmediato que no tiene explicación porque es un acto, pero ¿un acto de qué? ¿De complacencia? ¿De retribución? O es simplemente una oración banal como tantas otras se han puesto en el mercado de la conquista. Si volvemos al título de esto; el mismo amor, nos encontramos vacíos ante tal oración, mismo amor no consigna una repetición tosca de la monotonía de la vida en su retorno nietzscheano, es el despliegue de acto existencial de encontrarse con el otro solo entre preguntas, con la mirada perdida de la incertidumbre, es encontrarse con el miedo, con el más profundo miedo de la no contestación.
No podemos escapar a sentirnos perplejos ante eso que tan esquivo nos es, podremos responder a ojos cerrados y con la voz enardecida que la búsqueda del amor es el reencuentro con la felicidad, pero debemos ser sinceros y es dolor con el cual te encuentras, no es el parque de las delicias que tanto nos encanta ver en el cine o leer en la literatura. Es un espejismo creado por la cultura intelectual, encarnado por el amor shakesperiano más representativo o el amor pasional de Goethe o los poetas malditos franceses.
El hombre o como quieran mejor llamarlo sujeto, esta vacío ante la no respuesta propia a su movimiento existencial y dialectico frente al otro, el amor es ese espacio eterno de lo no dicho, de la nulidad del tiempo y de la no reglamentación de los montos afectivos que se generar. No se puede estipular racionalmente cuanto amor se entregara y en cuantas dosis se hará ni menos en cuanto tiempo se dosificara este para que la intensidad vaya elevándose a medida el tiempo lo sea propicio.
El azar es el mayor acompañante de las situaciones en las cuales se conjuga el amor, pero, dirán muchos idealistas que el destino estaba determinado. Sea azar o destino es el sujeto quien crea la segunda escena en este encuentro, es por eso que ante el (re)encuentro con el mismo amor, se queda desorientado, enmudecido y fascinado. Es que el tiempo realmente se detiene, el pensar obra en son de la tonada silenciosa de la silueta de aquello tan bello que se fue a parar frente a ti. Y por más que se prepare con el tiempo y un vasto y largo ensayo con varias parejas nunca será igual, es uno el que da la connotación de similitud ante lo ya acontecido, no es el mismo amor ni la misma lluvia, no es un simple me gustas, me encantas o lo que se nos pueda ocurrir. Es el acto existencial de entregarte ante el enigma de sentir que todo es nuevo, es el mismo amor y la misma lluvia porque siempre son una pero no la misma, no es el universal conceptual, podríamos decir es la vivencia existencial de lo nunca dicho aunque sean las mismas palabras que siempre ocupamos al estar frente al amor.
Se podrá preguntar quién lea esto, y por qué tanta alusión al título de tal film argentino, y la respuesta es simple y compleja. Simple por que contrae la vivencia misma más existencial que es el amor en su totalidad, mismo amor misma lluvia es un juego de palabras que se consuman en un acto puro que es el amar sin pregunta alguna al tiempo y al espacio. Y es compleja porque el cine tiene ese Rorschach que solo puede ser puesto en escena para encontrarse con el desconocimiento propio. Tal desconocimiento de la incertidumbre de la puesta en escena del despliegue del amor, sea en su materialización ideal platónica o en su esencia fantasmática del entrar en acción.
El mismo amor la misma lluvia nos deja ante la incertidumbre del vivenciar, de la perplejidad de la no respuesta total a lo que se busca con el amor, es que la soledad es la respuesta al hombre es el miedo, por ello creo pertinente citar una párrafo del film en el cual se dice mucho en tanto se consuma tal miedo;
“Miedo… Miradme…cátedra al miedo …Por miedo te perdí…por miedo laburo en algo que odio y por miedo falle al resto…yo que pensaba que todo lo que tocaba se iba a convertir en oro… todo lo que toco se convierte en mierda”
Lo anterior sea banal para quien no lo pueda poner en contexto, alude al pensar sobre el que crea tener las respuesta exactas ante lo que no puede ser respondido por ningún motivo, el mismo amor la misma lluvia nos lleva por ese tobogán de las preguntas azarosas de nuestras experiencias, de nuestros miedos ante las decisión de encontrarnos con el amor, con el enigma mismo del vivir, creo pertinente concluir este bosquejo de reflexión con las palabras de Nietzsche; “Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos”.
Christopher Matta

2 comentarios:
Párrafos muy agradables, que permiten dirigir el pensamiento hacia la razón, esa razón que se complica por oposiciones y que junto a la fantasía del recuerdo aturde a los sentimientos.
Gracias por el momento.
Palabras de azar en un mundo lineal, esa es mí reflexión ante lo antes escrito, debo ser sincera y cada vez que me encuentro con textos tuyos se genera tal Roschach del cual laburan tus palabras, es que son unos sutiles martillos para generar preguntas y mas preguntas, gracias por aún escribir como un critico ante lo que no se puede criticar sino más vivir en su punto existencial... Eres mi Filosofo favorito ¿lo sabes? besos...
...Dennis arts..Bonaerese.
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