sábado, 25 de junio de 2011

"Del nuevo ídolo"... Reflexiones sobre la historia en Nietzsche

¿La creación  domino a su creador?
¿Qué es el estado? ¡Atención!, que voy a hablaros de la muerte de los pueblos. (Así habló Zaratustra.)
¿Estado,  monstruo o la libertad en su tranquilidad?  Interrogante que nos viene a primera línea a partir de la  pregunta por el estado, aquello en lo que confiamos a ciegas o  en lo que debemos confiar sin cuestionamiento. Y con lo que anterior  se nos  expone  el primer  modo de  (re)descubrir   aquella lucha  histórica llamada  vida. Si hablamos sobre el Debemos, nos remontaremos a la pregunta ¿qué es el deber en la historia? tal interrogante en la cual constantemente retornamos con la obra nietzscheana, ya en el discurso “De las transformaciones” (Así hablo el Zaratustra, pag.24) nos da  alusión a la lucha entre el ¡Tú debes! y el ¡Yo quiero!, antagónicos que develan las cadenas en las cuales Nietzsche entrama su crítica a la modernidad. Pero aquel tú debes,  en el cual estamos asumidos como sujetos de una sociedad no puede solo verse  aquí al azar,  como mera imposibilidad histórica del hombre frente a sus creaciones, pero que es aquello de la muerte de los pueblos, tal negación del propio avance del progreso o es la consumación de un espíritu que ve en su devenir el Estado, desde  Hegel se plasmara la “Dialéctica del amo y el esclavo”, tesis que se pregunta y responde  por el origen de la historia, en la cual se despliega desde su modo narrativo el dar  cuenta de cómo la  libertad e independencia estarán en  el reconocimiento de la autoconciencia rival, sin la cual no habría garantía de haber logrado dicha libertad, pero al mismo tiempo, es necesario también tal  confrontación, sin la cual no se puede  demostrar el intento de desprenderse de todo lo que no sea el puro yo, el quedar en la soledad de la relación de la conciencia consigo misma. 

Cómo la autoconciencia de sí lucha con otra autoconciencia, es aquel tu debe, como estado impositivo ante él; yo quiero como el pueblo en su negación.  Por lo cual el fragmento perteneciente a la Fenomenología del Espíritu de 1807 desarrollara una filosofía absoluta en la cual el sujeto y  la historia serán  narrados como una consumación de los contrarios en la autoconciencia y el en su relación con el deseo para llegar al espíritu absoluto. Hablo sobre aquello,  porque es de suma importancia tener este parámetro para pensar en la cita inicial y las que posterior aparecerán, si retomamos la pregunta por el estado y la  releemos en su forma argumentativa,  nos encontramos con aquella diferencia sustancial que se ve entre lo que es el pueblo en  Nietzsche  y en la actualidad, el pueblo en la designación nietzscheana  dará cuenta a una hermanad de sangre,  una etnia común a diferencia con la relación de pueblo en  Marx  la cual estará  constituida  por los   que no poseen los medios de producción, es interesante esto ya que la designación de pueblo en contraposición a Estado en esta primera oración del discurso, contiene sustratos a la historia de la abolición de los pueblos originarios y no a la designación de pueblo en tanto masa de individuos, pero ambas designan a un cualidad que es la apropiación de la materia como medio de transformación de la realidad. Por ello  aquí nos encontramos con un cuerpo único que tiene  en su  condición la  de crear desde sus base fundamental,  dirá Zaratustra  que se  “Llama estado el más frío de todos los monstruos fríos. Y miente fríamente, y su mentira es esta. “Yo, el estado, soy el pueblo” (A.Z).    

En la cual la alusión directa a la situación histórica en la que Hegel designa a que  el Estado es la conciencia de un pueblo, tal consumación absoluta de los contrarios, como también vemos en esta oración la referencia a Luis XVI  y su enérgica preocupación por los más desamparados, En marzo de 1776 declara: “Veo que sólo Turgot y yo amamos al pueblo” ( Historia del pensamiento filosófico y científico II.”. Giovanni Reale, Dario Antiseri. Editorial Herder 1988, Barcelona)  o si nos vamos a un hecho  de la actualidad y referimos a  Chávez en su discurso de (re)elección  el cual nos  dice; "Yo ya no soy yo. Yo soy el pueblo", todas las anteriores referencias en las cuales la historia y su  problemáticas socio-políticas encarnan en su discurso la necesidad de una figura que encarne el estado, si  en Hegel los contarios se asumen en la consumación del estado como acto de la razón absoluta, podemos comenzar a bosquejar como el estado se asume como una necesidad, en lo cual se entrama la diferencia sustancial en las relaciones sociales y distribución del poder y su ejecución, es enigmático este punto, ya que siglos atrás Hobbes había denominado al estado a partir de la designación de Leviatán, así como llaman también al monstruo bíblico perteneciente  a los siete demonios del infierno, este monstruo es referencial no solo al judaísmo sino que en la edad media en la cual se le utilizaba como sinónimo de santanas, estos aspectos no dejan de ser atractivos  en su ocupación filosófico-político o teológica, por ello si  hacemos memoria histórica y nos remontamos a la obra magna del filósofo político Thomas Hobbes  “Leviatán o La Materia, Forma y Poder de una riqueza común y Eclesiástico  civil” de 1651 nos encontraremos con la  fusión  de la bestia y el estado,  será el estado quien deba encarnar el poder y su distribución de aquel mismo, para mantener un orden, será el estado el que asuma la responsabilidad de acción frente a la bestia humana que en su condición  natural es un lobo para el hombre. Miente fríamente, “Yo el estado, soy el pueblo”.  Estado entendemos  es la creación artificial y política que vino a dar respuesta a las demandas colectivas de orden hace siglos atrás, desde la pronunciación nietzscheana es posible comenzar a leer entre sus palabras tal designación a un punto originario en el cual el sujeto es  enajenado por tal asunción del poder en tanto necesidad histórica y  vemos como  en  estas oración citada se elabora  aquella  crítica sustancial  a uno de los máximos instrumentos racionales creados, la dialéctica hegeliana especificara que la lucha de la autoconciencia frente a otra autoconciencia en su forma de deseo dará origen a la historia,  si  en  la cultura se  creó un modo de vivir en la cual el hombre quedo relegado a la servidumbre, la materia fue su modo de transformación de la realidad y el estado es quien desde la enajenación asumirá su puesto como poder histórico y consumación del espíritu en tanto ser y espíritu  absoluto.

El nuevo ídolo vendrá a dar cuenta de esta nueva concepción, no es azar el pensar en la tesis hegeliana la dialéctica amo y esclavo,  la anulación  total de la autoconciencia daría paso a  esa  nada en , postulado de la más absoluta negación de la historicidad en la cual se pudiese pensar, por lo cual podríamos situar de manera  genealógica que tal paso de lucha entre  autoconciencias  deja estipulado en su concepto de  devenir Estado en tanto conciencia del pueblo y  la necesidad del mismo. Pero Hegel da un punto en su designación histórica formidable pero invalidador  de la vida y que Nietzsche no perdonara, y es asumir que el paso de la historia es la consumación de la razón constitutiva en la realidad lo cual en Nietzsche será la voluntad de poder la que diera  motor a la vida y su (a) historicidad  histórica.
¡Es una mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos y suspendieron encima de ellos una fe y un amor; así sirvieron a la vida. Aniquiladores son quienes ponen trampas para muchos y las llaman Estado: éstos suspenden encima de ellos una espada y cien concupiscencias. Donde todavía hay pueblo, éste no comprende al Estado y lo odia, considerándolo mal de ojo y pecado contra las costumbres y los derechos. Esta señal os doy; cada pueblo habla su lengua propia del bien y del mal: el vecino no la entiende. Cada pueblo se ha inventado un lenguaje en costumbres y derechos. (A.Z)
En la cita anterior esta entramado el malestar, el estado es un artificio que se ha divinizado, se ha empoderado desde su mentira a la más absoluta verdad,  el deber es su consigna, el plebeyo es su servidor  y  de pueblo en pueblo conquistado tal cual guerra santificada van en el nombre del nuevo salvador, es  la historia como negación de la barbarie.  El hombre en su esencia es hombre creador por que posee tal  niño interno, sea este el intermedio entre el animal y el superhombre es quien en su calidad de pueblo ha creado su vida, la vida y los valores, en Nietzsche tales valores son restablecidos desde no su concepción divina en lo suprasensible platónico, el bien y el mal están aquí establecidos desde lo  perteneciente a lo particular en lo vivencial,  no lo universal de la justicia griega. Si pensamos   el mundo griego en general y en Homero en particular el concepto de Thémis (Θεμις) se concebía  como una disposición divina, es decir, la justicia sería aquello que los dioses disponen y ordenan a los hombres. La justicia (Thémis) es entendida como una imposición de los dioses. Thémis cuyo significado es el de «colocar», «poner» o «establecer» algo como recto, enderezado o ajustado en la medida en que se nos impone como tal, esto es, no tanto por un criterio racional sino en tanto que nos aparece impuesto, tal imposición no es asumida desde la tiranía sino desde la legitimidad de poder divino, universalizando la concepción moral hasta derrocar lo particular de cada pueblo que más allá del bien y del mal de sus creaciones se deben asumir y  ser abolidos hasta su otorgar  su silencio  “Pero el Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal; y diga lo que diga, miente - y posea lo que posea, lo ha robado. Falso es todo en él; con dientes robados muerde, ese mordedor. Falsas son incluso sus entraña” (A.Z) dado que la justicia es encarnada en el estado, tal entidad debe ser superada y  anulada por su falsedad, en la voluntad de poder esta al designio de la vida y esta enajenación por parte de la divinización de la ley es obtusa. Hegel en su escritos teológicos posicionara al amor en la máxima cúspide de la consumación del espíritu y esto es  logrado a partir de la unificación de lo particular (el hombre) y lo universal (Dios) a partir de lo anterior  dicho, el amor  encarnado en Cristo con su sacrificio por los hombres  rememorara tal concepción a ese estadio griego en el cual lo universal y lo particular vivían en la armonía, por esto el estado consumara  a partir del amor la justicia desde el sacrificio en su divinidad. En tanto se  ve  entramada en la modernidad tal justicia política simbolizada por el estado desde su hipocresía, el pueblo es el creador de los valores, los cuales se invierten en su forma de dominación. 
Nacen demasiados: ¡para los superfluos fue inventado el Estado!... ¡Mirado cómo atrae a los demasiados! ¡Cómo los devora y los masca y los rumia! (A.Z)
Tal dominación solo puede hacerse desde la aceptación de la debilidad del hombre frente al hombre,  el pueblo es en si el creador de la realidad, pero tal forma esta subyugada a la debilidad, solo un pueblo es quien domina su sí mismo, la verdad es la conquista de la voluntad de poder,  pero un rebaño diríamos es dominado por su pastor, el estado ve en  el pueblo hombres designados como un rebaño que deben ser encausados, tal dominación esta divinizada por la justicia figurada en el amor y su instrumentalización es la consumación de la razón en tanto realidad y realidad en tanto razón, desde la tesis histórica hegeliana, es por ello que  la conciencia señorial se posiciona  para sí  frente a la servil y la descubre temerosa de sumergirse sólo en sí misma y en quedar como independiente, por eso, se ubica "encima de ella", pues la superioridad está en la independencia. Y tal independencia dará cuenta de la historia en su desplegar, pero un desplegar lineal, de consumación de contrarios nos dé a sumisión  del poder entando voluntad del mismo,  “En la tierra no hay ninguna cosa más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de Dios” - así ruge el monstruo. ¡Y no sólo quienes tienen orejas largas y vista corta se postran de rodillas! (A.Z) tal sentencia es la  razón instrumental, la del poder en su realización estatal, la tecnificación del poder materializada y  depositada por la debilidad del hombre a raíz de la  anulación del sí mismo, por el control como hecho social. El modo de narración acontecido en la última cita da cuenta de la (a) historicidad del despliegue nietzscheano y su nihilismo como una lógica interna bastante intrigante, si Dios ha muerto el Estado  es asumido como la materialidad del poder, es el constituyente que encarna la salvación, por ello  este debe ser  (re)pensado  en su lógica de dominación inscrita desde lo  universal a lo particular, por lo cual a través del despliegue creador de la voluntad de poder  el nihilismo será el motor interno, será la lógica que devendrá como supremacía de la transmutación de los valores,  Heidegger en su libro sobre Nietzsche analizara el nihilismo europeo desde tal tópica critica en la cual  se describirá tal concepción como la superación  a un estado posterior al pesimismo elaborado por Schopenhauer, por ello “si se quiere comprender la historia como decadencia contando a partir de la desvalorización de los valores supremos, el nihilismo no es la causa de la decadencia, sino, su lógica interna” (M. Heidegger. Nietzsche II, pág. 80. 1961)  es por ello que vamos elaborando en la lectura nietzscheana y su Zaratustra tal metafísica de la historia, en la cual es entramado el estado como el instrumento que suprime y se apodera del poder en tanto mentira y robo, es tal negación del hombre por el hombre por la debilidad de su no aceptación de vida y   de su sí mismo. 

Tal historia en Nietzsche es la de corromper la tesis hegeliana de necesidad de los contrarios, la de la historia no avanza desde su lógica racional. Pues bien la historia es caos, colisionan verdades tras verdades por medio de sus propios creadores, el orden nos es estructural. ¡Si, también os adivinan a vosotros los vencedores del viejo Dios! ¡Os habéis fatigado en la lucha, y ahora vuestra fatiga continúa prestando servicio al nuevo ídolo!  (A.Z)
Tal nuevo ídolo es en sí y para si un constructo artificio que enmascara la debilidad, entrama en su interior la no aceptación de la vida como vida para sí, la pregunta por Dios fue respondida a sangre y muerte por aquellos detractores de la vida, el agotamiento ante la pregunta ha hecho que la razón instrumental consiga elaborar aquel velo de la mentira de sí mismo y el ocultamiento de los orígenes creadores en los cuales el hombre fue quien elaboro y transformo lo real, en la dialéctica hegeliana el señorial se apropia de sí mismo pero reniega lo real en tanto el esclavo se apodera de la materia, tal concepción es la que pone en juego  Marx y vemos en cierta manera como en Nietzsche   puede homologarse a tal apropiación de la materia en tanto desprecio de la supra-sensibilidad plantónica inaccesibles al hombre. La historia a partir del cuestionamiento en tanto lo dado como real, el estado es la negación del hombre,  la cultura es hoy parte del estado en tanto apropiación desmedida del saber particular para universalizarlo y desnaturalizarlo hasta su enajenación.
“Todo quiere dároslo a vosotros el nuevo ídolo, si vosotros lo adoráis: por ello se compra el brillo de vuestra virtud y la mirada de vuestros ojos orgullosos…Estado llamo yo al lugar donde todos, buenos y malos, son bebedores de venenos: Estado, al lugar en que todos, buenos y malos se pierden a sí mismos: Estado, al lugar donde el lento suicidio de todos - se llama “la vida”.
Es aquella perdida de la particularidad creadora, es tal desnaturalización por parte de la igualdad la que condiciona la vida hacia aquella concepción del Estado sobre la vida. Es la sumisión ante el beneficio de la falta de sí mismo, aquella que construye la historia  a partir esta nueva forma de vivencia llamada tranquilidad estatal, dado que la vida bajo la sumisión de los valores, es una vida vacía, es una negación a la vida Dionisiaca, tal concepción nos haría pensar en la historia en  tanto negación de la misma para aceptar tal anarquismo que se conjugue con una vida envuelta en la aceptación del sí mismo, el estado encarnado en la figura hegeliana recaería como consumación, subjetivaría como una devuelta en el espiral histórico, seria en otras palabras la sujeción a la historicidad de la razón absoluta transformada en  instrumento coercitivo, por ello si el Estado es  donde el pueblo muere  despojado de su condición de vida creadora, es por su propia sumisión ante la conciencia señorial, es aquí en donde la dialéctica hegeliana se establece de manera tal que no es posible que Estado y Pueblo se anulen ya que se destruye  el modo de desplegar de la historia a partir de aquella lucha.
Por esto la transformación   histórica sería una negación de la misma en su lógica interna,  desde su devenir decadente mediante un conjuro contra los valores absolutizados y sacralizados para en un segundo momento se asuma un autoconocimiento de la humanidad, en tanto hombre y no sujeto.
¡Mirad a esos superfluos!  Roban las obras de los inventores y los tesoros de los sabios. ¡Ilustración  le dicen a su robo, y en todo les resulta enfermedad y achaque!
Tal enajenación histórica es cúspide en la época de oro de  la ciencia, el estado es quien administra el saber, desde platón que el saber estaba puesto en un lugar supremo, topos Uranos llamaba platón a su mundo de las ideas verdaderas, hoy ese topos Uranos es asumido desde los cuerpos del Estado, por ello que la creación humana no puede ser personal, debe ser social para el bienestar de lo universal. El pensar la historia desde el recorrido nietzscheano nos presenta tal complejidad de anulación de sujeto para devenir hombre, la sujeción ante la historia debe ser entramada en el juego que es la vida, el pueblo desde su aceptación de la vida en tantos creadores de la misma. Esta  debe ser asumida como tal, la historicidad es un devenir de la conciencia absolutizada en la razón, tal sacralización de este el nuevo ídolo es el devenir de la falta de asunción de la vida y de la no voluntada de poder en tanto conquista de más y más poder por la tranquilidad del nuevo Dios llamado Estado. Por ello vemos como el discurso nietzscheano nos llevara  por tal proceso de (a) historicidad, desde  como dije antes la anulación de la vida en tanto aceptación de la historia como constructora del sentido de la vida, “Dementes son para mí todos ellos, y monos trepadores, y fanáticos. Su ídolo, el frío monstruo, me huele mal: mal me huelen todos ellos juntos, esos servidores del ídolo” (A.Z. pág. 45) tal ídolo que entrama y bosqueja la vida de quienes lo crearon, aquellos superfluos en palabras nietzscheanas, la tarea es hoy tomar la vida su voluntad de poder, las respuestas están en el hombre que  ha creado la historia, pero esta historia es una maquinaria llamada razón, el cristianismo en Hegel vimos es asumido como la consumación de la escisión del universal y el particular, en Nietzsche la universalidad es un concepto que solo juega la  alienación, el estado como consumación devendría en una teleología, finalidad en la historia de Hegel. El  pueblo es lo originario que dio paso a la universalidad del estado, pero este hemos visto se pone en juego como una verdad, verdad que no debe ser asumida como tal, es el pathos consumido  en el hombre remonta a la pregunta por la verdad incesantemente, es aquella verdad encarnada en la historia y está en el estado la que crea tal sometimiento,  ¡La verdad! ¡Manía visionaria de un dios! ¡Qué les importa a los hombres la verdad! (Cinco prefacios para cinco libros no-escritos. Sobre el pathos de la verdad, F. Nietzsche, Navidad de 1872). Es tal recorrido que hemos hecho el que nos permite concluir  no con la finalidad de una respuesta, sino con la idea de una reflexión, el estado es la oposición de la vida en tanto despoja tal espíritu creador de los pueblos, es asumido como el nuevo ídolo por su concepción absoluta de los valores, es la consumación de la historia en tanto la historia vista desde la teleología, es la supresión de la particularidad del hombre para el bienestar de la universalidad del control, es el nuevo dios en tanto bondad materializada como la única de poder dar respuesta, tal respuesta es  banal en su mentira de ser verdad, por ello visto desde la genealogía histórica nietzscheana se ve en un triple respecto la historia pertenece a lo viviente: pertenece a él como lo activo y lo que impulsa, como lo que preserva y honra como lo que padece y necesita de  liberación (Nietzsche, Consideraciones intempestivas,.219).
Hermanos míos, ¿es que queréis asfixiaros con el aliento de sus hocicos y de sus concupiscencias? ¡Es mejor que rompáis las ventanas y saltéis al aire libre! ¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos del humo de esos sacrificios humanos! Aún está la tierra a disposición de las almas grandes. Vacíos se encuentran aún muchos lugares para eremitas solitarios o en pareja, en torno a los cuales sopla el perfume de mares silenciosos. Aún hay una vida libre a disposición de las almas grandes. En verdad, quien poco posee, tanto menos es poseído: ¡alabada sea la pequeña pobreza! (A.Z)
La sentencia está plasmada el pueblo desde su concepto es quien crea, tal es puesto en sujeción ante tal monstruo avasallador llamado Estado, la lucha por la dominación fue clave en tanto anulación como  mentira en su modo de dominación, es por ello que la historia no tiene linealidad  ni tiene tal  consumación que  se vuelve a su cometido, se vuelve a servir sobre el hombre, quien quiera ser liberado deber ser desposeído de tal sujeción, el pueblo es lo originario pero no en una linealidad histórica sino en tanto se crea a si mismo desde su trasformación constante en la vida, ya que la razón no produce la reconciliación de tal escisión hegeliana, la razón no es el absoluto consumado en el estado, es la decadencia en tanto apropiación de la vida, ya que esta debe estar en la reconciliación de la voluntad y esa es la voluntad de poder. La historia será el caos de los contrarios en tanto se anulen, es la aceptación de la pérdida del yo en lo dionisiaco. Por ello la crítica nietzscheana puesta en el discurso del Zaratustra es a la concepción de devenir de la razón como progreso y su plasmación histórica de tal nuevo ídolo, que  es tal construcción ilusoria ante el derrocamiento de libertad de los pueblos y del hombre creador, pero donde culmina el estado comienza el retorno hacia la trasformación de las historias, donde la voluntad de poder se asuma como conquista del verdad en tanto creación de la misma.
Allí donde el Estado acaba comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la canción del necesario, la melodía única e insustituible. Allí donde el Estado acaba, - ¡mirad allí, hermanos míos! ... ¡No veis el arco iris y los puentes del superhombre!
 Así habló Zaratustra.

Christopher Matta.