miércoles, 27 de julio de 2011

El Sentido, el amor y la muerte. (parte uno)


Creo comprender que es el sentido, pero a veces creo pensar que no sé nada de eso que la gente alude que es  el tener sentido.  Si llamamos sentido a la lógica que tienen nuestras acciones o nuestras decisiones, esas  que ayudan a no sufrir en la vida ¿será eso tener sentido?  Asumiendo que muchas de las decisiones tomadas son por mero compromiso social al no querer   asumir realmente nuestra postura  existencial por miedo a la verdad o supuesta verdad inserta en cada uno de nosotros. 

Pues bien recorramos un poco esto que llamamos sentido en sus distintos espectros, ya que sentido podremos decir inicialmente  es lo que da forma a la oración y da lógica a la semántica en la cual estamos siendo hablados en cada momento por ser sujetos en esta trama llamada vida y su acontecer histórico. Si el sentido es la lógica lineal de la cual no podemos escapar por mera  decisión, la cual está fundada por nuestra lengua y sus reglas creadas como normas a seguir. Sabemos bien que las oraciones están formadas por un sujeto su  predicado y algún verbo que lo acompañe, es lo básico de entender en la gramática y su pragmática, pero también sabemos que el sentido es el vacío más grande de responder a chocar con la existencia individual de la vida.  Podríamos decir que tener una carrera, sea la que sea, da sentido a la vida si se apropia de su esencia material en su acción lineal, el cual se debe seguir  para dar sentido a la oración primordial que nos acompaña en todo momento, “hay que darle sentido a la vida”,  pero este darle sentido a la vida no es más que una oración carente de sentido lógico ya que el problema más grande con el que se emprende el sujeto es oponerse a sí mismo y su sentido, entendiendo que el sentido que busca no es más que el social, aquel que nos es impuesto por hecho coercitivo para ser-en-el-mundo.  

Somos sujetos inscritos en una trama que no es más que una imposición histórica en la cual debemos seguir el sentido global de la existencial universal, esto es, seguir, los parámetros establecidos en los cuales seguimos la línea fragmentada de la vida, esa que nos “escribe” que hay que estudiar, trabajar y morir por eso que indicamos es el sentido nuestras vidas. Pero si somos claros el único sentido que tiene la vida es la de morir, no hay nada que pueda escapar a ese destino, es la larga línea que evade asumirse como sujetos carentes de sentido más que el impuesto por la sociedad. Si pensamos en el presente estamos insertos en la era del fin, en todo momento se habla del fin del mundo, calentamiento global, conspiraciones que van hacia una tercera guerra mundial  o biológica. Eso sin mayor análisis muestra lo carente de vida que tenemos, hemos sido tan inconsecuentes con nuestras vidas que nos ocupamos de edificar la magnífica industria de la racionalidad, la cual nos ha mostrado que es la máxima expresión de locura que adoptamos, la que a través de sus avances ha hecho de la vida una mediocridad sin pregunta alguna aparente, esperamos que las respuesta las de un ser superior llamado experto, el cual antes era encarnado por un cura, hoy la situación es similar pero con otro nombre. El pastor y el psicólogo son lo mismo, personajes históricos que creen tener en sus manos la solución exacta a toda duda que subsista en el sujeto y lo encaminan hacia el maravilloso sentido del vivir, una mentira de las tantas que queremos creer. Desde cuando el sujeto se volvió tan inútil con su vida y su existencia, exigimos mejoras en nuestros gobiernos, de toda índole, ¿para qué? para así la vida si tenga más sentido, creo que el hombre no  se asume como lo que es, un ser solitario que busca sentido en lo que nunca lo tuvo, el nihilismo será la pérdida de valor trascendente del sujeto para algunos, pero es la realidad de nuestro era. Nunca nos habíamos encontrado tan carentes de sentido como en el hoy en día, dirán muchos que el pensamiento romántico solo busca aniquilarse a sí mismo por su carencia y poca fe en la vida, dirá a su vez la sarta de psicólogos y psicoanalistas abundantes por estos días, que el hombre proyecta su propia frustración en el mundo quitándole valor alguno a todo lo que quiere destruir, al igual que la pataleta de un muchacho de quince años que tira mierda a todo lo que se le cruza por rebeldía al sistema. Pero creo que aquel muchacho de quince años es más sensato que muchos hipócritas que creen que su vida esta solucionada por el hecho de ser alguien en la vida. 

¿Qué es ser alguien en la vida? Quien puede responder esa pregunta sensatamente, acaso Paulo  Coelho y su libros de auto-ayuda para la dueña de casa, Pilar Sordo  y sus consejos de seducción o la respuesta es tan cósmica que debemos buscarla en la astrología, y que debemos asumir que los hombre somos de martes y las mujeres de venus, a ello hoy en día no se puede rebatir. Por eso insisto, el tener sentido esta de la mano de ser alguien en la vida,  ser-hijo, ser-padre, ser-profesional, ser-político, ser-mujer (cosa no menos importante hoy en día, con el orgullo de ser mujer) y lo anterior sea un sarcasmo barato, no creo sea muy auspicioso el querer asumirse como el género débil y  tener orgullo por ser mujer, Chile  es un país machista por sus mujeres que quieren ser dueñas de casa, madres o lo que se les ocurra ante el rol ya asumido históricamente. Por esto volvemos incesantemente al inicio, todo lo anterior es tener sentido, por supuesto que para el noventa por ciento sí. Pero nos queda un último espectro, el amor, aquel que de alguna u otra forma es el mayor dotador de sentido al sujeto en la historia. Hegel y su absolutismo filosófico aludirá que el amor de Jesús por los hombre unifico el particular (hombre) con su universal (dios) consumándose la historia y el estado como dotadora de equilibrio, aquel perdido en la historia y que muy bien sabían los griegos y sus polis. O el amor poético que da luces de la existencia compleja de asumir que la vida es para sí con otro.

El problema es latente, no existe sentido si se quiere universalizar, en su diversidad compleja y relacional con el sujeto en la existencia. La carencia de sentido remite no al hecho de que lo anterior expuesto sea una sarta de mentiras (que en su justa medida si lo son), sino, en la facticidad de no querer preguntarse por sí mismo,  claramente la depresión nos  da muchas  pistas ante esto, ese sentimiento profundo de perdida de sentido, de conexión con el mundo y su actuar en él, es a mi modo de ver el  punto cúspide de existencialismo, pocas veces nos encontramos tan sumergidos en nosotros mismos con un sufrimiento tan real como aquel. Pero debemos también asumir que no es necesario llegar a ese extremo  para darnos cuenta de lo real, de lo incontestable o enigmático, siempre estamos frente a eso de una u otra forma se nos presenta, la vida es el enigma más grande y su verbo más esencial, el  amar, es su puesta en juego  desde su punto más existencial, estar frente al amor es el punto de enigma que se presenta ante el hombre, es el  (sin)sentido que tiene solo un sentido, amar aunque este sea doloroso (claramente no siempre es así). Por esta razón uno a este espectro el más esencial en las preguntas del sentido.  Si hablamos que el sentido se funda en la linealidad del actuar en el mundo, no como existencias sino como sujetos históricos escritos por  el sentido de la vida material, en la cual tratamos de forjarnos con un destino claro y conciso que nos permita edificar nuestras vidas a partir del  Ser; padres, hijos, madres, profesionales, hombres o mujeres, etc. Pero ante todo eso está la acción suprema de amar que ahondaremos más y con ella la eterna posibilidad de nuestra existencia, la muerte. La cual en palabras de Heidegger es el Ser-para-la-muerte,  por esto  ¿es acaso lo que determina definitivamente el sentido de mi Ser y mi vida? 

Ya que si ahondamos más y más en el nihilismo inscrito aquí, qué sentido tiene estar en la cornisa desde el nacer y tener que Ser-para-la-muerte,  pensando heideggerianamente Dasein o ser-ahí comienza con el  problema del ser del hombre; a partir de este se halla arrojado al mundo con la  suma de posibilidades (el poder ser), en las que su última posibilidad es la muerte, aquello que aún no es, pero que sin duda será; no obstante, en la proyección de sus posibilidades aún le corresponde el poder de elección del ser-ahí auténtico o inauténtico. A este ser que somos en cada caso nosotros mismos y que, entre otras cosas, tiene la posibilidad de ser que es el preguntar, lo designamos con el término de Dasein.

El Dasein manifiesta la angustia hacia la muerte, pero no la soporta; la angustia no hace más que revelarnos la nada, el no-ser; aniquila toda posibilidad del ente, pues una vez que nacemos comenzamos inevitablemente a morir. La angustia se nos antepone, pero no nos sobrepasa. Heidegger nos da la posibilidad de una existencia auténtica. Tal existencia sólo es permisible cuando aceptamos la muerte como aquello que ya nos deviene. La anticipación de la posibilidad se revela como posibilidad de una existencia auténtica. La muerte implica la pérdida del ser-ahí, de la existencia; el ser-ahí ahora está  imposibilitado. La muerte en su más amplio sentido es un fenómeno de la vida. La vida debe comprenderse como una forma de ser a la que es inherente un ser en el mundo. Por lo cual la existencia y su sentido están truncados hacia la muerte como eterna posibilidad al mismo nacer, el amor es la eterna puesta en juego de la vida que ama al ser otro, tal cual este da sentido al ser mismo, y la posibilidad del hombre queda resumida al pensar eternamente ne el sentido de estar buscando el sentido de la vida para la muerte y del amor para existir con algún sentido claro que nos diga realmente si existir vale o no ante tal trágico destino que es el ser-para-la-muerte como sentido inicial y final. Las preguntas quedan abiertas aquí con toda esta blasfemia incesante del pensar, lo que podemos concluir es que  el sentido no es más que una palabra inacabada en su designación pragmática que solo busca dar respuesta a la evasión de una respuesta clara que es estar siempre en la cornisa del amor frente esperando la muerte.


Christopher Matta

martes, 19 de julio de 2011

¿El mismo amor, la misma lluvia?.



Que título el anterior,  ciertamente no es mío plenamente  ya que  para quienes hayan visto aquel bello film  de Juan José Campanella  rememoraran  a partir de un flash back instantáneo lo que dice el título. Pero este escrito no es una sinopsis, sino por el contrario es aquello parecido a una reflexión con la que puedas quedar   atrapado entre mil preguntas de un insomnio con el telón de fondo de la película aludida. Por tanto, que podremos hablar sobre el  amor, que podremos decir sobre tal concepto  enigmático que constantemente se intenta explicar desde; la ciencia y la secreción de oxitocina y otras hormonas  o desde el psicoanálisis y la investidura libidinal del objeto amado y que además sea a partir de la elección de objeto a partir de la madre o el padre, para solo dar dos ejemplos de miles que podrían estar  aquí. Una sarta de Pelotudeses  podrá afirmar con toda certeza un romántico que con su  argumento  nos aludirá a Cortázar o el mismo Benedetti para negar tal afirmación del amor como una conceptualización universal.
Que es eso de encontrarse con el mismo amor, acaso ¿amamos siempre de la misma manera? O es que somos tan versátiles que tenemos  diferentes formas de amar a diferentes personas al mismo tiempo.  Podremos afirmar que el amor de los quince años no es el mismo que el de los veinticinco ni  menos el de pasado los treinta. Es que creamos la falsa linealidad de que amamos, ya que ¿cuántas  veces realmente amamos? Pregunta incontestable si se quiere ser sincero, de hipócrita diremos que solo una vez ya que asumimos que con la persona que más duramos será las que más hemos amado,  y volvemos a colocar ese velo que consiste en traer calma en el espacio lineal de nuestra  historia. Por eso no podemos aceptar la intensidad que trae el corto tiempo, las palabras no son lo suficientemente verdaderas sino están acompañadas de un plazo fijo estipulado con mensajes y actos que lo acompañen para gestar y consumar el ritual de decir te quiero o te amo.

Oraciones  que conjugan  tanto y que tan hipócritamente son ocupadas hoy en día, si el amor es una odisea de explicar quién podrá venir a decir que te quiero es más fácil de responder, se dirá  de inmediato que no tiene explicación porque es un acto, pero ¿un acto de qué?  ¿De complacencia? ¿De retribución? O es simplemente una oración banal como tantas otras se han puesto en el mercado de la conquista. Si volvemos al título de esto;  el mismo amor, nos encontramos vacíos ante tal oración, mismo amor no consigna una  repetición tosca de la monotonía de la vida en su retorno nietzscheano, es el despliegue de acto existencial de encontrarse con el otro solo entre preguntas, con la mirada perdida de la incertidumbre, es encontrarse con el miedo, con el más profundo miedo de la no contestación.  

 No podemos escapar a sentirnos perplejos ante eso que tan esquivo nos es, podremos responder a ojos cerrados y con la voz enardecida que la búsqueda  del amor es el reencuentro con la felicidad, pero debemos ser sinceros  y es dolor con el cual te  encuentras, no es el parque  de las delicias que tanto nos encanta ver en el cine o leer en la literatura. Es un espejismo creado por la cultura intelectual, encarnado por  el amor shakesperiano más representativo o el amor pasional de Goethe o los poetas malditos franceses. 

El hombre o como quieran mejor llamarlo sujeto, esta vacío ante la no respuesta propia a su movimiento existencial y dialectico frente al otro, el amor es ese espacio eterno de lo no dicho, de la nulidad del tiempo y de la no reglamentación de los montos afectivos que se generar. No se puede estipular racionalmente cuanto amor se entregara y en cuantas dosis se hará ni menos en cuanto tiempo se dosificara este para que la intensidad vaya elevándose a medida el tiempo lo sea propicio. 

El azar es el mayor acompañante de las situaciones en las cuales se conjuga el amor, pero, dirán muchos idealistas que el destino estaba determinado. Sea azar o destino es el sujeto quien crea la segunda escena en este encuentro, es por eso que ante el (re)encuentro con el mismo amor, se queda  desorientado, enmudecido y  fascinado. Es que el tiempo realmente se detiene, el pensar obra en son de la tonada silenciosa de  la silueta de aquello tan bello que se fue a parar frente a ti. Y por más que se prepare con el tiempo y un vasto y largo ensayo con varias parejas nunca será igual, es uno el que  da la connotación de similitud ante lo ya acontecido, no es el mismo amor  ni la misma lluvia, no es un simple me gustas, me encantas o lo que se nos pueda ocurrir. Es el acto existencial de entregarte ante el enigma de sentir que todo es nuevo, es el mismo amor y la misma lluvia porque siempre son una pero no la misma, no es el universal conceptual, podríamos  decir es la vivencia existencial de lo nunca dicho aunque sean las mismas palabras que siempre ocupamos al estar frente al amor.

Se podrá preguntar quién lea esto, y por qué tanta  alusión al título de tal film argentino, y la respuesta es simple y compleja.  Simple por que contrae la vivencia misma más existencial que es el amor en su totalidad, mismo amor misma lluvia  es un juego de palabras que  se consuman en un acto puro que es el amar sin pregunta alguna al tiempo y al espacio. Y es compleja porque el cine tiene ese Rorschach que solo puede ser puesto en escena para encontrarse con el desconocimiento propio. Tal desconocimiento de la incertidumbre de la puesta en escena del despliegue del amor, sea en su materialización ideal platónica o en su esencia fantasmática del entrar en  acción. 

El mismo amor la misma lluvia nos deja ante la incertidumbre del vivenciar, de la perplejidad de la no respuesta total a lo que se busca con el amor, es que la soledad es la respuesta al hombre es el miedo, por ello creo pertinente citar una párrafo del film en el cual se dice mucho en tanto  se consuma tal miedo; 

“Miedo… Miradme…cátedra al miedo …Por miedo te perdí…por miedo laburo en algo que odio y por miedo falle al resto…yo que pensaba que todo lo que tocaba se iba a convertir en oro… todo lo que toco se convierte en mierda” 

Lo anterior sea banal para quien no lo pueda poner en contexto, alude al pensar sobre el que crea tener las  respuesta exactas ante lo que no puede ser respondido por ningún motivo, el mismo amor la misma lluvia nos lleva por ese tobogán de las preguntas azarosas de nuestras experiencias, de nuestros miedos ante las decisión de encontrarnos con el amor, con el enigma mismo del vivir, creo pertinente concluir este bosquejo de reflexión con las palabras de Nietzsche; “Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos”.

Christopher Matta 

sábado, 16 de julio de 2011

De entre cigarros y café.


 Fue el  silencio que se hizo presente entre  tanto ruido alrededor
El frio se hizo un amigo entre tanta escarcha frente   a nosotros
La conversación se hizo un poema, Un diálogo  abriéndose a un clímax cinematográfico
Ante ese deambular de párrafo en párrafo, de diálogos de la no coherencia.

Fue cuando te vi dentro  de mis  ojos
Esos   que albergan  ese pedazo de tu  magia,
Ese  espejismo enigmático  del  tan solo conversar.

La tarde  avanzaba sin tiempo entre sus manijas
La conversación era melodía que se perdía entre  el  frio
Frio  que  abrigaba nuestras siluetas entre  los cigarrillos y sus  cenizas
La atmosfera  era de un blanco y negro casi sepia,  en donde un simple gesto
Una simple palabra o  tan solo un suspiro  construían tal poesía.

Es que fue el momento donde  creo mi corazón   no paraba de palpitar,
Palpito de  cien por segundo, palpito de mil revoluciones  al escucharte hablar
 Donde aquella tarde el suspiro, el frio y  los silencios  
Me dijeron  tranquilo, caos e  incertidumbre, son solo palabras
Fue la tarde  que  entre un café y sus cigarrillos no paraba de pensar,  de decirte,
 Decirme y decirnos;  la respuesta es clara,  sé que te debes   (re)encontrar.

Creo las manijas de mi reloj no querían seguir su camino,
Tan solo construían y  (des)construía  tal poesía surrealista
De no saber lo que si se decía, lo que era evidente
“Que mujer más bella  esta que se me vino a cruzar”
¡Es tan el simple y llanamente el cadáver exquisito!
Con el cual uno se encuentra azarosamente  en estas situaciones
Que trasforman  a cualquiera con su tan solo ser y estar
Con su solo existir y nada más que ser lo que no se puede explicar
En una tarde, en una noche ni menos en el corto tiempo que dura
Un café y un cigarro o en  un cigarro y más café.

Christopher Matta