martes, 1 de noviembre de 2011

El viajero en la nada.



Una vez caminando por providencia un hombre se dio cuenta  de que los arboles no le saludaban, de que los edificios le  ignoraban y se  quedo preguntando ¿Qué es ese vacío de caminar por la ciudad un domingo? Pero se  respondió  de inmediato de que no era domingo, era lunes, entonces ¿por qué el vacio? Y ahí vino la respuesta inmediata, el vacio es propio, es mío. Es observar con cautela el mundo circundante y darse cuenta de que estas solo, estas sujetado a la realidad absolutamente solo, tal objeto de deseo   es solo aquello que te retiene al sentido de la búsqueda. Es el engranaje de lo simbólico como eje central a la realidad, pero enajenante a lo que realmente se es en Lo Real.  Se pasea por el mundo siendo un desconocido, un eterno viajero que siempre busca lo que no sabe, lo que nunca supo de que trataba, pero siendo así crea objetos para su eterna  búsqueda, aquellos que den un poco de sentido a esta irregular  linealidad de tiempo-espacio llamado vida.

 Por ende crea maneras de subsistir, de aferrarse a la vida, se crea una religión para no sentirse solo y pensar en un ser superior que lo salve de sí mismo, se crea un mercado para intercambiar  sus creaciones, dándoles  valor  fetichista y este valor  yuxtaponiéndolo a todo. Se  crea un destino que guie su camino, una razón que lo haga diferente de todo y una pasión desmedida llamada amor, que lo haga encontrarse con el otro en lo más ínfimo.  Así todo está en el abanico de creaciones  delante de él, a la disposición del sujeto en su dialéctica incesante, en tal relación de sujetación al Otro, a la tenebrosa dialéctica amo-esclavo.  La cual no  cesa,  transmitiendo  una interminable rueda que gira, un eterno retorno a lo mismo,  un retorno a la soledad,  en la cual los objetos, las creencias y el amor no consiguieron hacer que el sujeto no se sintiera solo, no lograron hacer de él un hombre feliz, ni arrancar de su corazón lo que el dolor origino. 

Solo en su eterno caminar piensa y piensa, y  no logra dar cuenta de que su eterna búsqueda se transformo en responder al  ¿Por qué?  De todo, guiándolo en su angustia, entre parajes inhóspitos que solo lo hicieron volverse más y más viejo, entre mil preguntas sin ninguna respuesta.  Entonces se detuvo a reformular su viaje, su repertorio de dudas, pero se encontró con una sombra que dijo – te has preguntado de todo, y nunca te preguntaste por el final, hiciste de tu vida una interrogante, que no trajo más que  la eterna soledad de tu alma,  que ahora  me pertenece, desperdiciaste tu vida buscando respuestas, la cual es solo una, vives para morir-.

Aquella sombra viajera no era más que su propia conciencia, su ser en la muerte, quien delato lo que en años  busco y nunca se imagino, en que la vida es tan miserable que solo tomar su tiempo nos demora y nos hace estar mas y mas cerca de sí misma(la muerte).  Con esto el hombre recordó que los objetos, la religión y el amor son en sí mismos  la esencia del hombre, no deben tener respuesta más que las que  sí mismo  las dé. Los objetos guían el camino de las eternas búsquedas, la religión sea cual sea guía la espiritualidad del Ser en su existencia y el amor conjuga el todo desde sus partes, reúne al hombre y el Ser entramados en tal existencialidad fenoménica. Con esto el hombre dio la mano a la sombra y se fue por la misma calle que décadas atrás lo hizo tanto pensar, camino por última vez por providencia, observo la pileta en la plaza de la aviación y camino por el parque, ahora tranquilo saludando los arboles y despidiéndose de los edificios para así desvanecerse entre la gente que en ese espacio y tiempo nulo trotaba sin preguntarse nada, porque de la nada es que lo que se esta hecho.

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