El tiempo, en su complejidad no es más que la suma de varios segundos, que hacen un determinado número, de millones de minutos, de horas.etc… para unir lo que llamamos años. Años es lo que cada sujeto por construcción histórica cumple, pero cabe preguntarse ¿Qué pasa con el cumplir años? ¿Por qué tal suceso se ha transformado en lo más mundano, entendiendo que el cumplir más años es estar más cerca de la tragedia humana de la muerte?
Pues bien esta vez me toco cumplir años a mí, como todo humano los debo cumplir, aunque para muchos no sea muy grato, esto me lleva a reflexionar en el contexto en el cual se entrama mi historia con la historia humana, un contexto histórico riquísimo en crisis. Una sociedad cada día más segmentada por el clasismo chileno. Una política absurda que nos demuestra en carne propia que el espejismo de la realidad que encubre la tragedia humana está más frágil que nunca. Es que tal velo aquel que llamamos política de bienestar no existe, y eso es un hecho, los movimientos estudiantiles chilenos y ahora colombianos, sumados al movimiento mundial nacido en España de los Indignados, hace reflexionar y de la manera más enérgica decir, el mundo está despertando, con la Angustia de saber que la realidad es una miseria y solo una espejismo de lo Real.
Los años no han pasado en vano, podríamos decir. Pues la sociedad y yo con ella hemos cambiado, el contexto nos ha hecho cambiar. Por eso se hace necesario detener el espacio-tiempo de nuestra complejidad mundana, para conectarse ¿conectarse con qué? Dirán, pues consigo mismo, la vida no da tregua, el sujeto esta sujetado a la crisis de su existencia y con ella, ya no hay escapatoria. La angustia cada día es más grande, a medida que se toma nota de la miseria de los sistemas político-financieros.
Las desigualdades sociales ya no son un problema de la clase pobre, sino que han golpeado a la media y los sectores acomodados, ¿Por qué? Nos preguntaremos, y es claro, tal conciencia hipócrita de pensar en el otro, ahora está marcada por el que aquello que sucede me puede pasar a mi por castigo de “lo real”, la esfera simbólica se ha quebrajado a tal punto que ya nada nos protege del existencialismo ferviente del fin del mundo. Por eso se hace indispensable pensar que no se está solo. Pero se pensara, y que tiene que ver todo esto con el cumplir años, pues mucho, ya que no solo es celebración la que acontece tal suceso, sino detenerse, pensar y a veces hasta cambiar de rumbo.
La vida en sus existencia mundana en el hombre esta atravesada por los contextos, sean sociales o tan solo existenciales, esos que dan las penas mas grandes, como las alegrías más bellas, esas que traen consigo restos de lo que llamamos espejismo del amor o su frustración. Todo conjuga en lo que somos y seremos, es un eterno retorno en el devenir de ser-hombre, existencia para la muerte en su más amplio espectro de sentido, pero antes que sujetos para la muerte, somos sujetos envueltos en el amor. Aquel que da sentido de vida y existencia en su más alto rigor, todo ello constituye el ser-humano, unas conjugaciones de dolor y alegría, de eternas dicotomías, que hacen cada año sentirse más viejo, más maduro, mas adulto, mas de todo. Por ende creo pertinente siempre al cumplir un año detenerme, pensar y reflexionar. Ver más allá de los sentidos y asumir una instancia fenomenológica con el mundo circúndate, una relación existencial, eso que tanto nos hace falta a veces a los hombres, el tan solo detenerse y pensar en la sencillez de las cosas que te rodean, para así poder seguir avanzando, como el eterno viajero en su tiempo-espacio nulo atravesado por la conjugación de Ser, seres-para-la-muerte.

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