jueves, 22 de diciembre de 2011

Ser-en-navidad.


   Al sonido  de los villancicos que corean y marcan nuestro pasó por cada mall, esa música intrépida que muchos ni comprendemos,  que acompañado de ese viejo de barba que a veces ni se acerca a un viejo vestido de rojo llamado santa Claus o papa Noel, ni menos al viejo pascuero, que mas bien lo sacaron de un callejón por pocas monedas para pararse y  alentar a los niños a pedir mas y mas.

Es aquello que nos inunda de buenos deseos, que en  una época marcada por la rivalidad y los desastres, un año que muchos siempre quieren olvidar. Con Un trabajo que esclaviza y una sarta de anhelos que se funden en el querer mandar todo al carajo, es desde ahí que nos posicionamos en el ser-navidad. Pero cabe preguntar  ¿Qué sentido hoy tiene la navidad? La película adaptada del cuento de “Dr seuus,  how the grinch stole christmas”  de la cual podemos rescatar como un hombre verde quiere robarse la navidad, pero más que eso hace reflexionar sobre el  sentido desmesurado del consumo de la navidad. Es que hoy no se entiende la navidad si no es por medio del consumo, no vemos en ningún lugar lo que se es en navidad. Tampoco es que nos volvamos por un momento unos hipócritas caritativos para hacer paz consigo y con la culpa de un año, sino dar el sentido mundano a eso que llamamos ser-en-navidad.

Pero dar sentido a la navidad es aun más complejo, ya que sentido navideño es tan vacio como ser cristiano, no tiene fundamento y se acata como norma y ley. Que si no se quiere celebrar es que uno es un amargado, como el que no cree en dios y es ateo por ser pecador. Creer en el viejo pascuero es tan similar a creer en dios, ya que ninguno tiene fundamento mas que el da cada sujeto, al creer en él (aunque el viejo pascuero es más real, creo yo). Por ende ser-en-navidad es solo posicionarse y dar sentido subjetivo a un evento histórico, es la consumación de la dialéctica que sujeta al hombre a su creación, lo deja desvalido ante el mercado y lo aborda desde una enajenación que solo engendra mas y mas sin sentido. Ya que no podemos aceptar que el consumo sea lo que nos define en una fecha determinada, no podemos constantemente ser sujetos de la pasividad, de la inutilidad de ser-devorados, ser-consumidos y aniquilados por la historia  de nuestra creación. La respuesta seria negarse-a, pero no es respuesta, ya que lo edipico del viejo pascuero anularía nuestra relación con la posición de ser-sujetos-en-navidad.

Por ello la relación del sujeto y su  Ser-en-navidad es de lo que lo constituye, aunque al más escéptico lo niegue, pero es así. El ser-de-la-navidad es Ser-consumido, la historia devora y nuestros deseos convergen con el deseo del Otro, es el eterno retorno a la insatisfacción de la falta, de la eterna carencia de la falta. El ser-de-la-navidad no es más que el espejismo incesante del deseo puesto en el objeto fetiche de la sociedad, es proyectar cada vez más lo hondo de lo que nos falta como sujetos. Somos historia devorada por las creaciones históricas de si mismas.

Christopher Matta

martes, 1 de noviembre de 2011

El viajero en la nada.



Una vez caminando por providencia un hombre se dio cuenta  de que los arboles no le saludaban, de que los edificios le  ignoraban y se  quedo preguntando ¿Qué es ese vacío de caminar por la ciudad un domingo? Pero se  respondió  de inmediato de que no era domingo, era lunes, entonces ¿por qué el vacio? Y ahí vino la respuesta inmediata, el vacio es propio, es mío. Es observar con cautela el mundo circundante y darse cuenta de que estas solo, estas sujetado a la realidad absolutamente solo, tal objeto de deseo   es solo aquello que te retiene al sentido de la búsqueda. Es el engranaje de lo simbólico como eje central a la realidad, pero enajenante a lo que realmente se es en Lo Real.  Se pasea por el mundo siendo un desconocido, un eterno viajero que siempre busca lo que no sabe, lo que nunca supo de que trataba, pero siendo así crea objetos para su eterna  búsqueda, aquellos que den un poco de sentido a esta irregular  linealidad de tiempo-espacio llamado vida.

 Por ende crea maneras de subsistir, de aferrarse a la vida, se crea una religión para no sentirse solo y pensar en un ser superior que lo salve de sí mismo, se crea un mercado para intercambiar  sus creaciones, dándoles  valor  fetichista y este valor  yuxtaponiéndolo a todo. Se  crea un destino que guie su camino, una razón que lo haga diferente de todo y una pasión desmedida llamada amor, que lo haga encontrarse con el otro en lo más ínfimo.  Así todo está en el abanico de creaciones  delante de él, a la disposición del sujeto en su dialéctica incesante, en tal relación de sujetación al Otro, a la tenebrosa dialéctica amo-esclavo.  La cual no  cesa,  transmitiendo  una interminable rueda que gira, un eterno retorno a lo mismo,  un retorno a la soledad,  en la cual los objetos, las creencias y el amor no consiguieron hacer que el sujeto no se sintiera solo, no lograron hacer de él un hombre feliz, ni arrancar de su corazón lo que el dolor origino. 

Solo en su eterno caminar piensa y piensa, y  no logra dar cuenta de que su eterna búsqueda se transformo en responder al  ¿Por qué?  De todo, guiándolo en su angustia, entre parajes inhóspitos que solo lo hicieron volverse más y más viejo, entre mil preguntas sin ninguna respuesta.  Entonces se detuvo a reformular su viaje, su repertorio de dudas, pero se encontró con una sombra que dijo – te has preguntado de todo, y nunca te preguntaste por el final, hiciste de tu vida una interrogante, que no trajo más que  la eterna soledad de tu alma,  que ahora  me pertenece, desperdiciaste tu vida buscando respuestas, la cual es solo una, vives para morir-.

Aquella sombra viajera no era más que su propia conciencia, su ser en la muerte, quien delato lo que en años  busco y nunca se imagino, en que la vida es tan miserable que solo tomar su tiempo nos demora y nos hace estar mas y mas cerca de sí misma(la muerte).  Con esto el hombre recordó que los objetos, la religión y el amor son en sí mismos  la esencia del hombre, no deben tener respuesta más que las que  sí mismo  las dé. Los objetos guían el camino de las eternas búsquedas, la religión sea cual sea guía la espiritualidad del Ser en su existencia y el amor conjuga el todo desde sus partes, reúne al hombre y el Ser entramados en tal existencialidad fenoménica. Con esto el hombre dio la mano a la sombra y se fue por la misma calle que décadas atrás lo hizo tanto pensar, camino por última vez por providencia, observo la pileta en la plaza de la aviación y camino por el parque, ahora tranquilo saludando los arboles y despidiéndose de los edificios para así desvanecerse entre la gente que en ese espacio y tiempo nulo trotaba sin preguntarse nada, porque de la nada es que lo que se esta hecho.

domingo, 23 de octubre de 2011

Conjugación del tiempo en un cumpleaños.


  El tiempo, en su complejidad no es más que la suma de varios segundos, que hacen un determinado número, de millones de minutos, de horas.etc… para unir lo que llamamos años. Años es lo que cada sujeto por construcción histórica cumple, pero cabe preguntarse ¿Qué pasa con el cumplir años? ¿Por qué tal suceso se ha transformado en lo más mundano, entendiendo que el cumplir más años es estar  más cerca de la tragedia humana de la muerte?

   Pues bien esta vez me toco cumplir años a mí, como todo humano los debo cumplir, aunque para muchos no sea muy grato, esto me lleva a reflexionar en el contexto en el cual se entrama mi historia con la historia humana, un contexto histórico riquísimo en crisis. Una sociedad cada día más segmentada por el clasismo chileno. Una política absurda que nos demuestra en carne propia que el espejismo de la realidad que encubre la tragedia humana está más frágil que nunca. Es que tal velo aquel que llamamos política de bienestar no existe, y eso es un hecho, los movimientos estudiantiles chilenos y ahora colombianos, sumados al movimiento mundial nacido en España de los Indignados, hace reflexionar y de la manera más  enérgica decir, el mundo está despertando, con la Angustia de saber que la realidad es una miseria y solo una espejismo de lo Real.

  Los años no han pasado en vano, podríamos decir. Pues la sociedad y yo con ella hemos cambiado, el contexto nos ha hecho cambiar. Por eso se hace necesario detener el espacio-tiempo de nuestra complejidad mundana, para conectarse ¿conectarse con qué? Dirán, pues consigo mismo, la vida no da tregua, el sujeto esta sujetado a la crisis de su existencia y con ella, ya no hay  escapatoria. La angustia cada día es más grande, a medida que se toma nota de la miseria de los sistemas político-financieros.

   Las desigualdades sociales ya no son un problema de la clase pobre, sino que han golpeado a la media y los sectores acomodados, ¿Por qué? Nos preguntaremos, y es claro, tal conciencia hipócrita de pensar en el otro, ahora está marcada por el que aquello que sucede me puede pasar a mi por castigo de “lo real”, la esfera simbólica se ha quebrajado a tal punto que ya nada nos protege del existencialismo ferviente del fin del mundo. Por eso se hace indispensable  pensar que no se está solo. Pero se pensara, y que tiene que ver todo esto con el cumplir años, pues mucho, ya que no solo es celebración la que acontece tal suceso, sino detenerse, pensar y a veces hasta cambiar de rumbo. 

   La vida en sus existencia mundana en el hombre esta atravesada por los contextos, sean sociales o tan solo existenciales, esos que dan las penas mas grandes, como las alegrías más bellas, esas que traen consigo restos de lo que llamamos espejismo del amor o su frustración. Todo conjuga en lo que somos y seremos, es un eterno retorno en el devenir de ser-hombre, existencia para la muerte en su más amplio espectro de sentido, pero antes que sujetos para la muerte, somos sujetos envueltos en el amor. Aquel que da sentido de vida y existencia en su más alto rigor, todo ello constituye el ser-humano, unas conjugaciones de dolor y alegría, de eternas dicotomías, que  hacen cada  año sentirse más viejo, más maduro, mas adulto, mas de todo. Por ende creo pertinente siempre al cumplir un año detenerme, pensar y reflexionar. Ver más  allá de los sentidos y asumir una instancia fenomenológica con el mundo circúndate, una relación existencial, eso que tanto nos hace falta a veces a los hombres, el tan solo detenerse y pensar en la sencillez de las cosas que te rodean, para así poder seguir avanzando, como el eterno viajero en su tiempo-espacio nulo atravesado por la conjugación de Ser, seres-para-la-muerte.

miércoles, 27 de julio de 2011

El Sentido, el amor y la muerte. (parte uno)


Creo comprender que es el sentido, pero a veces creo pensar que no sé nada de eso que la gente alude que es  el tener sentido.  Si llamamos sentido a la lógica que tienen nuestras acciones o nuestras decisiones, esas  que ayudan a no sufrir en la vida ¿será eso tener sentido?  Asumiendo que muchas de las decisiones tomadas son por mero compromiso social al no querer   asumir realmente nuestra postura  existencial por miedo a la verdad o supuesta verdad inserta en cada uno de nosotros. 

Pues bien recorramos un poco esto que llamamos sentido en sus distintos espectros, ya que sentido podremos decir inicialmente  es lo que da forma a la oración y da lógica a la semántica en la cual estamos siendo hablados en cada momento por ser sujetos en esta trama llamada vida y su acontecer histórico. Si el sentido es la lógica lineal de la cual no podemos escapar por mera  decisión, la cual está fundada por nuestra lengua y sus reglas creadas como normas a seguir. Sabemos bien que las oraciones están formadas por un sujeto su  predicado y algún verbo que lo acompañe, es lo básico de entender en la gramática y su pragmática, pero también sabemos que el sentido es el vacío más grande de responder a chocar con la existencia individual de la vida.  Podríamos decir que tener una carrera, sea la que sea, da sentido a la vida si se apropia de su esencia material en su acción lineal, el cual se debe seguir  para dar sentido a la oración primordial que nos acompaña en todo momento, “hay que darle sentido a la vida”,  pero este darle sentido a la vida no es más que una oración carente de sentido lógico ya que el problema más grande con el que se emprende el sujeto es oponerse a sí mismo y su sentido, entendiendo que el sentido que busca no es más que el social, aquel que nos es impuesto por hecho coercitivo para ser-en-el-mundo.  

Somos sujetos inscritos en una trama que no es más que una imposición histórica en la cual debemos seguir el sentido global de la existencial universal, esto es, seguir, los parámetros establecidos en los cuales seguimos la línea fragmentada de la vida, esa que nos “escribe” que hay que estudiar, trabajar y morir por eso que indicamos es el sentido nuestras vidas. Pero si somos claros el único sentido que tiene la vida es la de morir, no hay nada que pueda escapar a ese destino, es la larga línea que evade asumirse como sujetos carentes de sentido más que el impuesto por la sociedad. Si pensamos en el presente estamos insertos en la era del fin, en todo momento se habla del fin del mundo, calentamiento global, conspiraciones que van hacia una tercera guerra mundial  o biológica. Eso sin mayor análisis muestra lo carente de vida que tenemos, hemos sido tan inconsecuentes con nuestras vidas que nos ocupamos de edificar la magnífica industria de la racionalidad, la cual nos ha mostrado que es la máxima expresión de locura que adoptamos, la que a través de sus avances ha hecho de la vida una mediocridad sin pregunta alguna aparente, esperamos que las respuesta las de un ser superior llamado experto, el cual antes era encarnado por un cura, hoy la situación es similar pero con otro nombre. El pastor y el psicólogo son lo mismo, personajes históricos que creen tener en sus manos la solución exacta a toda duda que subsista en el sujeto y lo encaminan hacia el maravilloso sentido del vivir, una mentira de las tantas que queremos creer. Desde cuando el sujeto se volvió tan inútil con su vida y su existencia, exigimos mejoras en nuestros gobiernos, de toda índole, ¿para qué? para así la vida si tenga más sentido, creo que el hombre no  se asume como lo que es, un ser solitario que busca sentido en lo que nunca lo tuvo, el nihilismo será la pérdida de valor trascendente del sujeto para algunos, pero es la realidad de nuestro era. Nunca nos habíamos encontrado tan carentes de sentido como en el hoy en día, dirán muchos que el pensamiento romántico solo busca aniquilarse a sí mismo por su carencia y poca fe en la vida, dirá a su vez la sarta de psicólogos y psicoanalistas abundantes por estos días, que el hombre proyecta su propia frustración en el mundo quitándole valor alguno a todo lo que quiere destruir, al igual que la pataleta de un muchacho de quince años que tira mierda a todo lo que se le cruza por rebeldía al sistema. Pero creo que aquel muchacho de quince años es más sensato que muchos hipócritas que creen que su vida esta solucionada por el hecho de ser alguien en la vida. 

¿Qué es ser alguien en la vida? Quien puede responder esa pregunta sensatamente, acaso Paulo  Coelho y su libros de auto-ayuda para la dueña de casa, Pilar Sordo  y sus consejos de seducción o la respuesta es tan cósmica que debemos buscarla en la astrología, y que debemos asumir que los hombre somos de martes y las mujeres de venus, a ello hoy en día no se puede rebatir. Por eso insisto, el tener sentido esta de la mano de ser alguien en la vida,  ser-hijo, ser-padre, ser-profesional, ser-político, ser-mujer (cosa no menos importante hoy en día, con el orgullo de ser mujer) y lo anterior sea un sarcasmo barato, no creo sea muy auspicioso el querer asumirse como el género débil y  tener orgullo por ser mujer, Chile  es un país machista por sus mujeres que quieren ser dueñas de casa, madres o lo que se les ocurra ante el rol ya asumido históricamente. Por esto volvemos incesantemente al inicio, todo lo anterior es tener sentido, por supuesto que para el noventa por ciento sí. Pero nos queda un último espectro, el amor, aquel que de alguna u otra forma es el mayor dotador de sentido al sujeto en la historia. Hegel y su absolutismo filosófico aludirá que el amor de Jesús por los hombre unifico el particular (hombre) con su universal (dios) consumándose la historia y el estado como dotadora de equilibrio, aquel perdido en la historia y que muy bien sabían los griegos y sus polis. O el amor poético que da luces de la existencia compleja de asumir que la vida es para sí con otro.

El problema es latente, no existe sentido si se quiere universalizar, en su diversidad compleja y relacional con el sujeto en la existencia. La carencia de sentido remite no al hecho de que lo anterior expuesto sea una sarta de mentiras (que en su justa medida si lo son), sino, en la facticidad de no querer preguntarse por sí mismo,  claramente la depresión nos  da muchas  pistas ante esto, ese sentimiento profundo de perdida de sentido, de conexión con el mundo y su actuar en él, es a mi modo de ver el  punto cúspide de existencialismo, pocas veces nos encontramos tan sumergidos en nosotros mismos con un sufrimiento tan real como aquel. Pero debemos también asumir que no es necesario llegar a ese extremo  para darnos cuenta de lo real, de lo incontestable o enigmático, siempre estamos frente a eso de una u otra forma se nos presenta, la vida es el enigma más grande y su verbo más esencial, el  amar, es su puesta en juego  desde su punto más existencial, estar frente al amor es el punto de enigma que se presenta ante el hombre, es el  (sin)sentido que tiene solo un sentido, amar aunque este sea doloroso (claramente no siempre es así). Por esta razón uno a este espectro el más esencial en las preguntas del sentido.  Si hablamos que el sentido se funda en la linealidad del actuar en el mundo, no como existencias sino como sujetos históricos escritos por  el sentido de la vida material, en la cual tratamos de forjarnos con un destino claro y conciso que nos permita edificar nuestras vidas a partir del  Ser; padres, hijos, madres, profesionales, hombres o mujeres, etc. Pero ante todo eso está la acción suprema de amar que ahondaremos más y con ella la eterna posibilidad de nuestra existencia, la muerte. La cual en palabras de Heidegger es el Ser-para-la-muerte,  por esto  ¿es acaso lo que determina definitivamente el sentido de mi Ser y mi vida? 

Ya que si ahondamos más y más en el nihilismo inscrito aquí, qué sentido tiene estar en la cornisa desde el nacer y tener que Ser-para-la-muerte,  pensando heideggerianamente Dasein o ser-ahí comienza con el  problema del ser del hombre; a partir de este se halla arrojado al mundo con la  suma de posibilidades (el poder ser), en las que su última posibilidad es la muerte, aquello que aún no es, pero que sin duda será; no obstante, en la proyección de sus posibilidades aún le corresponde el poder de elección del ser-ahí auténtico o inauténtico. A este ser que somos en cada caso nosotros mismos y que, entre otras cosas, tiene la posibilidad de ser que es el preguntar, lo designamos con el término de Dasein.

El Dasein manifiesta la angustia hacia la muerte, pero no la soporta; la angustia no hace más que revelarnos la nada, el no-ser; aniquila toda posibilidad del ente, pues una vez que nacemos comenzamos inevitablemente a morir. La angustia se nos antepone, pero no nos sobrepasa. Heidegger nos da la posibilidad de una existencia auténtica. Tal existencia sólo es permisible cuando aceptamos la muerte como aquello que ya nos deviene. La anticipación de la posibilidad se revela como posibilidad de una existencia auténtica. La muerte implica la pérdida del ser-ahí, de la existencia; el ser-ahí ahora está  imposibilitado. La muerte en su más amplio sentido es un fenómeno de la vida. La vida debe comprenderse como una forma de ser a la que es inherente un ser en el mundo. Por lo cual la existencia y su sentido están truncados hacia la muerte como eterna posibilidad al mismo nacer, el amor es la eterna puesta en juego de la vida que ama al ser otro, tal cual este da sentido al ser mismo, y la posibilidad del hombre queda resumida al pensar eternamente ne el sentido de estar buscando el sentido de la vida para la muerte y del amor para existir con algún sentido claro que nos diga realmente si existir vale o no ante tal trágico destino que es el ser-para-la-muerte como sentido inicial y final. Las preguntas quedan abiertas aquí con toda esta blasfemia incesante del pensar, lo que podemos concluir es que  el sentido no es más que una palabra inacabada en su designación pragmática que solo busca dar respuesta a la evasión de una respuesta clara que es estar siempre en la cornisa del amor frente esperando la muerte.


Christopher Matta

martes, 19 de julio de 2011

¿El mismo amor, la misma lluvia?.



Que título el anterior,  ciertamente no es mío plenamente  ya que  para quienes hayan visto aquel bello film  de Juan José Campanella  rememoraran  a partir de un flash back instantáneo lo que dice el título. Pero este escrito no es una sinopsis, sino por el contrario es aquello parecido a una reflexión con la que puedas quedar   atrapado entre mil preguntas de un insomnio con el telón de fondo de la película aludida. Por tanto, que podremos hablar sobre el  amor, que podremos decir sobre tal concepto  enigmático que constantemente se intenta explicar desde; la ciencia y la secreción de oxitocina y otras hormonas  o desde el psicoanálisis y la investidura libidinal del objeto amado y que además sea a partir de la elección de objeto a partir de la madre o el padre, para solo dar dos ejemplos de miles que podrían estar  aquí. Una sarta de Pelotudeses  podrá afirmar con toda certeza un romántico que con su  argumento  nos aludirá a Cortázar o el mismo Benedetti para negar tal afirmación del amor como una conceptualización universal.
Que es eso de encontrarse con el mismo amor, acaso ¿amamos siempre de la misma manera? O es que somos tan versátiles que tenemos  diferentes formas de amar a diferentes personas al mismo tiempo.  Podremos afirmar que el amor de los quince años no es el mismo que el de los veinticinco ni  menos el de pasado los treinta. Es que creamos la falsa linealidad de que amamos, ya que ¿cuántas  veces realmente amamos? Pregunta incontestable si se quiere ser sincero, de hipócrita diremos que solo una vez ya que asumimos que con la persona que más duramos será las que más hemos amado,  y volvemos a colocar ese velo que consiste en traer calma en el espacio lineal de nuestra  historia. Por eso no podemos aceptar la intensidad que trae el corto tiempo, las palabras no son lo suficientemente verdaderas sino están acompañadas de un plazo fijo estipulado con mensajes y actos que lo acompañen para gestar y consumar el ritual de decir te quiero o te amo.

Oraciones  que conjugan  tanto y que tan hipócritamente son ocupadas hoy en día, si el amor es una odisea de explicar quién podrá venir a decir que te quiero es más fácil de responder, se dirá  de inmediato que no tiene explicación porque es un acto, pero ¿un acto de qué?  ¿De complacencia? ¿De retribución? O es simplemente una oración banal como tantas otras se han puesto en el mercado de la conquista. Si volvemos al título de esto;  el mismo amor, nos encontramos vacíos ante tal oración, mismo amor no consigna una  repetición tosca de la monotonía de la vida en su retorno nietzscheano, es el despliegue de acto existencial de encontrarse con el otro solo entre preguntas, con la mirada perdida de la incertidumbre, es encontrarse con el miedo, con el más profundo miedo de la no contestación.  

 No podemos escapar a sentirnos perplejos ante eso que tan esquivo nos es, podremos responder a ojos cerrados y con la voz enardecida que la búsqueda  del amor es el reencuentro con la felicidad, pero debemos ser sinceros  y es dolor con el cual te  encuentras, no es el parque  de las delicias que tanto nos encanta ver en el cine o leer en la literatura. Es un espejismo creado por la cultura intelectual, encarnado por  el amor shakesperiano más representativo o el amor pasional de Goethe o los poetas malditos franceses. 

El hombre o como quieran mejor llamarlo sujeto, esta vacío ante la no respuesta propia a su movimiento existencial y dialectico frente al otro, el amor es ese espacio eterno de lo no dicho, de la nulidad del tiempo y de la no reglamentación de los montos afectivos que se generar. No se puede estipular racionalmente cuanto amor se entregara y en cuantas dosis se hará ni menos en cuanto tiempo se dosificara este para que la intensidad vaya elevándose a medida el tiempo lo sea propicio. 

El azar es el mayor acompañante de las situaciones en las cuales se conjuga el amor, pero, dirán muchos idealistas que el destino estaba determinado. Sea azar o destino es el sujeto quien crea la segunda escena en este encuentro, es por eso que ante el (re)encuentro con el mismo amor, se queda  desorientado, enmudecido y  fascinado. Es que el tiempo realmente se detiene, el pensar obra en son de la tonada silenciosa de  la silueta de aquello tan bello que se fue a parar frente a ti. Y por más que se prepare con el tiempo y un vasto y largo ensayo con varias parejas nunca será igual, es uno el que  da la connotación de similitud ante lo ya acontecido, no es el mismo amor  ni la misma lluvia, no es un simple me gustas, me encantas o lo que se nos pueda ocurrir. Es el acto existencial de entregarte ante el enigma de sentir que todo es nuevo, es el mismo amor y la misma lluvia porque siempre son una pero no la misma, no es el universal conceptual, podríamos  decir es la vivencia existencial de lo nunca dicho aunque sean las mismas palabras que siempre ocupamos al estar frente al amor.

Se podrá preguntar quién lea esto, y por qué tanta  alusión al título de tal film argentino, y la respuesta es simple y compleja.  Simple por que contrae la vivencia misma más existencial que es el amor en su totalidad, mismo amor misma lluvia  es un juego de palabras que  se consuman en un acto puro que es el amar sin pregunta alguna al tiempo y al espacio. Y es compleja porque el cine tiene ese Rorschach que solo puede ser puesto en escena para encontrarse con el desconocimiento propio. Tal desconocimiento de la incertidumbre de la puesta en escena del despliegue del amor, sea en su materialización ideal platónica o en su esencia fantasmática del entrar en  acción. 

El mismo amor la misma lluvia nos deja ante la incertidumbre del vivenciar, de la perplejidad de la no respuesta total a lo que se busca con el amor, es que la soledad es la respuesta al hombre es el miedo, por ello creo pertinente citar una párrafo del film en el cual se dice mucho en tanto  se consuma tal miedo; 

“Miedo… Miradme…cátedra al miedo …Por miedo te perdí…por miedo laburo en algo que odio y por miedo falle al resto…yo que pensaba que todo lo que tocaba se iba a convertir en oro… todo lo que toco se convierte en mierda” 

Lo anterior sea banal para quien no lo pueda poner en contexto, alude al pensar sobre el que crea tener las  respuesta exactas ante lo que no puede ser respondido por ningún motivo, el mismo amor la misma lluvia nos lleva por ese tobogán de las preguntas azarosas de nuestras experiencias, de nuestros miedos ante las decisión de encontrarnos con el amor, con el enigma mismo del vivir, creo pertinente concluir este bosquejo de reflexión con las palabras de Nietzsche; “Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos”.

Christopher Matta